Nos
encantan las etiquetas. Es así. Es probable (no lo sé) que forme parte de algún
mecanismo mental que nos hace simplificar nuestra visión sobre la realidad para hacerla más
comprensible y asimilable, sobre todo en contextos sociales, aunque también
hay otra parte de prejuicio e ignorancia que tiene mucho mayor peso en este
sentido: metemos a ciertas personas con algunas características similares en el
mismo saco porque pensamos que lo normal es que piensen y actúen igual, o con ciertos patrones de conducta parecidos. Pero
esto solo es un reduccionismo que nos induce a equivocarnos la mayor parte de
las veces.
El mundo
de la nutrición no es ajeno a esto. Con mucha frecuencia escuchamos los mismos
mantras sin ninguna evidencia al respecto: “el sobrepeso o la obesidad se producen por hincharse
a comer y por dejadez y falta de fuerza de voluntad para hacer ejercicio”, “las
personas muy delgadas están enfermas o son adictas a ciertas sustancias”, “en
el gimnasio la mayoría de personas toma anabolizantes o sustancias parecidas”,
“para perder peso hay que cerrar el pico y pasar hambre”, etc. Repetir una
mentira 1000 veces no hace que se convierta en verdad.
También es
muy frecuente hoy en día escuchar a supuestos profesionales o expertos en la materia
decir que “todos necesitamos x cantidad y tipo de suplementos”, que “x alimento
o bebida te está matando”, que “el secreto de la salud y la longevidad es…”.
Curiosamente todas estas frases o discursos muy "viralizables" siempre llevan un
interés económico detrás: la compra de productos, cursos…
La
realidad es que, si bien es cierto y hay evidencia científica robusta sobre el
tipo de alimentación, a grandes rasgos, que nos viene bien a todos (comida real, vegetales de calidad...), siempre se
debe aplicar el principio de individualidad. Y este no es otro que analizar con
detenimiento todos los determinantes de la salud de una persona y de su
historia particular, de su genética, de sus antecedentes familiares, de su
estilo de vida, situación emocional, condiciones socio-económicas, etc. Todo lo
que no sea esto es generalizar, y por lo tanto aplicar medidas similares para
personas muy distintas. ¿Cómo suelen acabar estas cosas? Pues sí, con mucha
frustración y sensación de fracaso para la persona afectada.
Las
personas somos diferentes: nos gustan cosas distintas, tenemos cuerpos
distintos, pensamientos distintos, circunstancias vitales distintas,
necesidades distintas, reacciones fisiológicas distintas…con lo cual sí,
debemos tener esto muy presente y actuar en consecuencia.